No estoy segura de que estoy lista para que mis días dependan de otra persona… para que la ausencia me estruje el alma… para que mi corazón brinque de alegría cuando llega un mensaje… Y se sienta desértico y gris cuando, fuera de mi entendimiento, una fría y abrumadora atmósfera se posa en el alba.
No estoy lista para querer que las cosas sean… para hacer esfuerzos, para desintegrar las razones, dar la milla extra, luchar, y todas esas cosas que hay que hacer para que dos seres -en la coincidencia de sus vidas- se encuentren pero además se queden juntos (en este caso juntos en la empatía de quererse, cuidarse, coexistir con y para).

Yo lo que quiero es ser feliz… cada día que pasa descubro que es difícil este estado de felicidad cuando amamos a otra persona…. y sin embargo eso es lo que yo quiero.
Que sola, yo hago cada cosa con la misma plenitud y alegría, cuando no hay sentimientos de amor y anhelos que merodeen el pensamiento…

Yo lo que quiero es que la reciprocidad sea un estado permanente, que no tengamos que hacernos preguntas, ni cuestionar el estado de las cosas. Yo lo que quiero es una utopía.

Una felicidad compartida, una tristeza compartida, un “me importas, por encima de mi estado”… que me cuiden de situaciones en las que me sienta así… abandonada a la deriva de las ideas.

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